lunes, 13 de abril de 2009

Adentrándose en Cuestiones Plásticas

Justo hoy en la madrugada llegué del Distrito Federal; fui de vacaciones para allá, y en uno de los paseos fui a dar al Jardín del Arte; casi me infarto del placer al ver un puesto montado en una camioneta donde se vendían lienzos (bastidores) de varios tamaños a un precio irresistible. Poco después me topé con otro puesto en el que hallé un paquete que contenía los colores primarios en pinturas de óleo (tamaño grande), aguarrás y aceite de linaza, dos pinceles y un godete, todo por el suculento precio de 120 pesucos.

Compré de inmediato el paquete de pinturas así como los lienzos (que miden 50 x 60 centímetros y que costaron nada más y nada menos que 90 pesos cada uno)

Ciertas papelerías que dicen especializarse en material de arquitectura y arte aquí en Tampico hubiesen multiplicado el costo muuucho más que por encima del doble (o quíntuple) del real. ¡Es una tragedia de todos los días! Los monopolios papeleros de Tampico transforman mi vida cotidiana en un drama inacabable.

Pero en fín, creo que pronto inmortalizaré las siluetas abstractas de Luz Andrea y Melina en un cuadro que quiero hacer para la sala de mi piso: "Las Damas del Café". Y sí, Melina saldrá con su barriga feliz.

Se trata de una escena de una habitación/café rodeado por una ciudad en pleno bullicio; contemplar la habitación proveerá un efecto relajante, mientras que la masa urbana representada fuera de ella excita el ánimo y la intensidad, lo motiva a uno a mantenerse alerta (en la rutina). La imagen deberá mantener un equilibrio entre ambas sensaciones, equilibrio que uno habrá de sentir al pasar cerca de ella. En pocas palabras, me hará sentir cómodo en mi casa y me permitirá sentir una relajación interna, pero al mismo tiempo, no permitirá que yo (o cualquier otra persona) entre en la pasividad total.

Aún sigo trabajando con las formas del boceto; primero hice la figura de Luz Andrea en un estilo cubista/abstracto; sin embargo, no me gustó, porque su cuerpo estaba compuesto de figuras filosas y de aspecto agresivo, lo cual creo que ni captura el semblante sereno de Luza, ni fomenta el balance de la idea original en absoluto; tan sólo con verla provoca una sensación estresante. Creo que la imagen, ya como un elemento permanente en mi sala, la contaminaría de una sensación agotadora:


Después opté por suavizar todas las formas agudas y éste fue el resultado:


--Nótese que están descalzas--

¿A poco no se percibe el cambio? Como ven, ahora ahí también sale Melina.

Las formas curvilíneas son más relajantes; están asociadas con lo femenino, lo delicado, y el cerebro las relaciona con una sensación serena y de suavidad (sin embargo, en exceso pueden comunicar una melancolía intensa, o a la larga, en algunos casos, contagiar el "estado mental del soñador impráctico"). Los esquemas de colores de ambas fotos tambien tienen cierto efecto si ya se dieron cuenta, y con ello también planeo jugar a la hora de pintar el cuadro.

Ya con éste nuevo aspecto, se me ocurrió algo: La forma de las siluetas me recordó a los personajes alargados y melancólicos de Modigliani y a las mujeres bohemias de Tarkay; quizá podría enriquecer la técnica que utilizaré en el cuadro si aplicase ciertos elementos de ese tipo de obras.


Después de estilizar un poco más la silueta de Luz Andrea; el boceto cambió a éste, que aún sigue siendo un bosquejo:


Estiré un poco más los cuellos y las extremidades, reduje el tamaño del rostro con proporción al cuerpo para acentuar los manierismos, y ajusté (con respecto a un aproximado que pude trazar a pulso) los vertices de la silueta del cuerpo a lo que serían los ejes áureos de un rectángulo (imaginario). La posición, el acomodo y la forma de los cuerpos compondrán una figura geométrica áurea. (Después subiré el plano de como está distribuida la figura sobre los ejes áureos.)

Un detalle por el cual aún no logro decidirme es si acaso dibujarles o no los rostros:

Si dejase los rostros sin facciones tal vez la escena podría adjudicarse o interpretarse de acuerdo a cualquier emoción que traiga uno por circunstancias externas al momento de ver el cuadro. Eso le permitiría al mensaje del cuadro ser un poco más universal. De optar por el caso contrario, estaría "delimitando" las interpretaciones y percepciones del cuadro a las expresiones faciales de las chicas.

Por citar un ejemplo: si les pongo un semblante de tranquilidad, cada vez que vea el cuadro, mi cerebro tratará de hacerme sentir tranquilo.

Y del mismo modo, si al ver la imagen no percibo facciones ni expresiones que le envíen a mi subconsciente el concepto de tranquilidad o de cualquier otra emoción que el cuadro me intentase expresar, mi cerebro no relacionará de inmediato el mensaje con la tranquilidad en específico, prácticamente mezclaría lo que percibe de la escena con cualquier emocion o idea que cruzase por mí en ese instante.

Otro punto que debo tomar en cuenta es el hecho de que de acuerdo a la escala que tendrá el cuadro, dibujar los rostros requerirá de precisión y trabajo, ya que serán elementos bastante pequeños a comparación del resto de la composición.

Mientras logro decidirme por la opción más acertada, tal vez pueda irme haciendo una idea con respecto a una pintura de Modigliani donde retrata a una muchacha (que no estoy seguro de si sea Jeanne) que a mi parecer tiene cierta (si no es que bastante) semejanza con Luz Andrea, pero claro que habiéndole él aplicado su peculiar estilo en cuanto a las proporciones humanas:


"Joven Pelirroja" - Modigliani

Aún no encuentro una referencia para el rostro de Melina (quizás solo que sea una imagen de la mismísima e inigualable Melina), sin embargo no creo que haya tantas complicaciones para componer cualquiera de los dos rostros, aunque tal vez sí a la hora de plasmarlos, como les había comentado antes.

Por ahora eso es todo, más adelante les contaré de mi progreso. :)



-- Efrén Flores


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1. Las fotos de mis bocetos y los bocetos mismos son míos (osease de Efrén Flores)
2. Las fotos de la otras pinturas pertenecen a sus respectivos autores o dueños.

El Libre Albedrío

¡Saludos :)!

Hace unas semanas participé en un concurso de murales que se llevó a cabo en la Facultad de Arquitectura en la UAT.

Habían dos categorías: la Senior, en la que participarían 12 murales de 2.5m de alto por 5m de base, y la categoría Junior, en la que yo participé, con alrededor de 16 propuestas que de un metro de altura por tres de base. Mi mural ganó el tercer lugar.

Lo que me alegra tanto de haber sido premiado es el hecho de haberlo sido siendo primerizo. Parece sencillo, pero pintar un buen mural no es algo tan simple; además empleé por primera vez la proporción aurea en una composición más compleja, utilicé escalas y aprendí a hacer acabados y colores nuevos. Creo que es un paso más en mi aprendizaje, y ya verán que mejoraré muchísimo con el tiempo. De ahora en adelante los mantendré en tanto de mis nuevas creaciones :)

"El Libre Albedrío"





Al mural lo componen tres escenas: Dos contrapartes y un punto central. El punto central representa una decisión (o un punto de partida) y las dos contrapartes opciones o tendencias opuestas.

La escena de la izquierda representa lo ideal. Es una mujer en éxtasis que es halada por el mar y por un punto de fuga que surge a sus espaldas (lo más allá). Su cabello estalla, y de él brotan formas orgánicas, hojas, mariposas, partículas, etc. La mujer se encuentra en dos posturas simultáneamente: con sus piernas siendo haladas por el mar, y brotando de la diminuta zapatilla azul que aún se encuentra en tierra. La escena está cargada de colores orgánicos brillantes.

(ojo con las zapatillas azules, que significan algo relevante en mi obra)


Lo ideal en extremo distorsiona la realidad, deforma los ideales de belleza. Lo ideal en exceso obsesiona al individuo con misiones trascendentales, un destino previamente establecido, con una causa última y sublime (que probablemente no existe).

La escena de la derecha representa lo opuesto, lo real.

La ciudad y los edificios representan la materia y el mundo tangible. La escena muestra a una mujer que yace sobre una especie de acera. La mujer agoniza mientras la absorbe un vórtice formado por el mundo que le rodea, por el conocimiento de la realidad en su forma más cruda. El vórtice sugiere la forma de los agujeros negros. Los agujeros negros, en el centro de las galaxias, representan su corazón y simultáneamente, una muerte inevitable. La escena está coloreada con una combinación tonos cálidos e intensos y fríos y sombras que dan la sensación de estar observando objetos sólidos con apariencia maleable.

En la parte central, en cambio, sugiere un balance o un punto de equilibrio. Aparece un ser "invisible", sin identidad ni relevancia. De él solo se conocen las prendas que lleva puestas. A él lo rodea un espacio amplio y vacío, calmo. Hacia él convergen todos los puntos: Los edificios, el cielo, la escalinata, los suelos; todo se centra hacia él, como si todo esperase con ansias su siguiente paso, su próxima decisión.

La perspectiva dice: "Él", "Yo",

La escalinata señala: "Tú."