viernes, 8 de agosto de 2008

Caer

Hay volcanes
Surgiendo de la acera
Hay hierbas
Creciendo
En la perilla de mi puerta

Hay loros en el buzón
Y no hay quien los recoja
Hay llamadas pendientes
Convertidas en ficción

Hay gestos colgados en mis paredes
Pidiendo a gritos una mancha
Hay platos limpios en la mesa
Suplicando ensuciarse

Mis manos ya no sirven;
Mi escritura se atrofió.
Mi mente se fractura,
Y por una pequeña grieta
Se han fugado todas mis ideas

Dejo todos los vasos
Medio vacíos
Como un intento inútil
De ahuyentar la depresión

Sostengo diálogos con el viento
Por combatir la tristeza,
Pero me horroriza la cercanía
Del día en que el viento me conteste

Mis puertas tienen
Cada día más cerraduras,
Pero anoche me di cuenta
Que las puso el ladrón

Once días están,
Acomodados junto al teléfono
De esperar que me llamaran
Los números que
Desde hace poco
No le pertenecen a nadie

El sarro comienza a trepar por mi imaginación
Y mis venas se llenan de seda
Y de jabón.

Mi mente es turbulenta
Por haber llenado el vacío
Con sustancia ficticia
Se han acumulado las deudas
Y no hay con que pagarlas.

¿Y qué pasó con el amor?
Quedé en llamarle después,
Pero nunca se me ocurrió preguntarle
Cuál era su teléfono.

- Efrén Flores

jueves, 7 de agosto de 2008

Fragmentos de una Realidad Muy Poco Colorida

A las 4 de la tarde con 45 minutos, Julieta se dio cuenta de que Adamo no existía.
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En ese mismo instante, a Julio se le terminó la tinta. Siguió escribiendo páginas, hechos, mundos enteros en blanco, cuya consistencia, compuesta meramente de palabras, era impresa solamente en el interior de su cabeza.

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Once meses después, comenzó a llover. Xavier ofrecía un concierto a un público invisible, y al escuchar el sonido de la lluvia rebotando en el tejado, creyó que le estaban aplaudiendo. Xavier hizo una reverencia ante la audiencia inexistente.

Los Cortázares se dieron cuenta de que podían manipular sus universos individuales libremente, mientras estuvieran sumergidos dentro de sus propias dimensiones de demencia. A no ser que sus decisiones fuesen influenciadas por Yolanda.

Mientras tanto, Julio discutía en el tejado con el ente extraño que decía ser Yolanda.

Éste ser alzó sus manos para abrazarlo; Julio las tomó, entrelazando sus dedos con los de ella, y la empujó hacia el vacío.

Una Yolanda, atraída por la fuerza de la gravedad, descendía hacia el fondo del cosmos en una caída perpetua. Otra se elevaba al firmamento con igual velocidad, mientras la tercera se desplazaba horizontalmente hacia el infinito.

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Yolanda dejó de existir, porque Julio se cansó de buscar la verdad universal.

Yolanda dejó de existir, porque Julio dejó de pensar en ella.
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Yolanda se fue, a vivir en universos intemporales y simultáneos.