lunes, 13 de abril de 2009

Adentrándose en Cuestiones Plásticas

Justo hoy en la madrugada llegué del Distrito Federal; fui de vacaciones para allá, y en uno de los paseos fui a dar al Jardín del Arte; casi me infarto del placer al ver un puesto montado en una camioneta donde se vendían lienzos (bastidores) de varios tamaños a un precio irresistible. Poco después me topé con otro puesto en el que hallé un paquete que contenía los colores primarios en pinturas de óleo (tamaño grande), aguarrás y aceite de linaza, dos pinceles y un godete, todo por el suculento precio de 120 pesucos.

Compré de inmediato el paquete de pinturas así como los lienzos (que miden 50 x 60 centímetros y que costaron nada más y nada menos que 90 pesos cada uno)

Ciertas papelerías que dicen especializarse en material de arquitectura y arte aquí en Tampico hubiesen multiplicado el costo muuucho más que por encima del doble (o quíntuple) del real. ¡Es una tragedia de todos los días! Los monopolios papeleros de Tampico transforman mi vida cotidiana en un drama inacabable.

Pero en fín, creo que pronto inmortalizaré las siluetas abstractas de Luz Andrea y Melina en un cuadro que quiero hacer para la sala de mi piso: "Las Damas del Café". Y sí, Melina saldrá con su barriga feliz.

Se trata de una escena de una habitación/café rodeado por una ciudad en pleno bullicio; contemplar la habitación proveerá un efecto relajante, mientras que la masa urbana representada fuera de ella excita el ánimo y la intensidad, lo motiva a uno a mantenerse alerta (en la rutina). La imagen deberá mantener un equilibrio entre ambas sensaciones, equilibrio que uno habrá de sentir al pasar cerca de ella. En pocas palabras, me hará sentir cómodo en mi casa y me permitirá sentir una relajación interna, pero al mismo tiempo, no permitirá que yo (o cualquier otra persona) entre en la pasividad total.

Aún sigo trabajando con las formas del boceto; primero hice la figura de Luz Andrea en un estilo cubista/abstracto; sin embargo, no me gustó, porque su cuerpo estaba compuesto de figuras filosas y de aspecto agresivo, lo cual creo que ni captura el semblante sereno de Luza, ni fomenta el balance de la idea original en absoluto; tan sólo con verla provoca una sensación estresante. Creo que la imagen, ya como un elemento permanente en mi sala, la contaminaría de una sensación agotadora:


Después opté por suavizar todas las formas agudas y éste fue el resultado:


--Nótese que están descalzas--

¿A poco no se percibe el cambio? Como ven, ahora ahí también sale Melina.

Las formas curvilíneas son más relajantes; están asociadas con lo femenino, lo delicado, y el cerebro las relaciona con una sensación serena y de suavidad (sin embargo, en exceso pueden comunicar una melancolía intensa, o a la larga, en algunos casos, contagiar el "estado mental del soñador impráctico"). Los esquemas de colores de ambas fotos tambien tienen cierto efecto si ya se dieron cuenta, y con ello también planeo jugar a la hora de pintar el cuadro.

Ya con éste nuevo aspecto, se me ocurrió algo: La forma de las siluetas me recordó a los personajes alargados y melancólicos de Modigliani y a las mujeres bohemias de Tarkay; quizá podría enriquecer la técnica que utilizaré en el cuadro si aplicase ciertos elementos de ese tipo de obras.


Después de estilizar un poco más la silueta de Luz Andrea; el boceto cambió a éste, que aún sigue siendo un bosquejo:


Estiré un poco más los cuellos y las extremidades, reduje el tamaño del rostro con proporción al cuerpo para acentuar los manierismos, y ajusté (con respecto a un aproximado que pude trazar a pulso) los vertices de la silueta del cuerpo a lo que serían los ejes áureos de un rectángulo (imaginario). La posición, el acomodo y la forma de los cuerpos compondrán una figura geométrica áurea. (Después subiré el plano de como está distribuida la figura sobre los ejes áureos.)

Un detalle por el cual aún no logro decidirme es si acaso dibujarles o no los rostros:

Si dejase los rostros sin facciones tal vez la escena podría adjudicarse o interpretarse de acuerdo a cualquier emoción que traiga uno por circunstancias externas al momento de ver el cuadro. Eso le permitiría al mensaje del cuadro ser un poco más universal. De optar por el caso contrario, estaría "delimitando" las interpretaciones y percepciones del cuadro a las expresiones faciales de las chicas.

Por citar un ejemplo: si les pongo un semblante de tranquilidad, cada vez que vea el cuadro, mi cerebro tratará de hacerme sentir tranquilo.

Y del mismo modo, si al ver la imagen no percibo facciones ni expresiones que le envíen a mi subconsciente el concepto de tranquilidad o de cualquier otra emoción que el cuadro me intentase expresar, mi cerebro no relacionará de inmediato el mensaje con la tranquilidad en específico, prácticamente mezclaría lo que percibe de la escena con cualquier emocion o idea que cruzase por mí en ese instante.

Otro punto que debo tomar en cuenta es el hecho de que de acuerdo a la escala que tendrá el cuadro, dibujar los rostros requerirá de precisión y trabajo, ya que serán elementos bastante pequeños a comparación del resto de la composición.

Mientras logro decidirme por la opción más acertada, tal vez pueda irme haciendo una idea con respecto a una pintura de Modigliani donde retrata a una muchacha (que no estoy seguro de si sea Jeanne) que a mi parecer tiene cierta (si no es que bastante) semejanza con Luz Andrea, pero claro que habiéndole él aplicado su peculiar estilo en cuanto a las proporciones humanas:


"Joven Pelirroja" - Modigliani

Aún no encuentro una referencia para el rostro de Melina (quizás solo que sea una imagen de la mismísima e inigualable Melina), sin embargo no creo que haya tantas complicaciones para componer cualquiera de los dos rostros, aunque tal vez sí a la hora de plasmarlos, como les había comentado antes.

Por ahora eso es todo, más adelante les contaré de mi progreso. :)



-- Efrén Flores


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1. Las fotos de mis bocetos y los bocetos mismos son míos (osease de Efrén Flores)
2. Las fotos de la otras pinturas pertenecen a sus respectivos autores o dueños.

El Libre Albedrío

¡Saludos :)!

Hace unas semanas participé en un concurso de murales que se llevó a cabo en la Facultad de Arquitectura en la UAT.

Habían dos categorías: la Senior, en la que participarían 12 murales de 2.5m de alto por 5m de base, y la categoría Junior, en la que yo participé, con alrededor de 16 propuestas que de un metro de altura por tres de base. Mi mural ganó el tercer lugar.

Lo que me alegra tanto de haber sido premiado es el hecho de haberlo sido siendo primerizo. Parece sencillo, pero pintar un buen mural no es algo tan simple; además empleé por primera vez la proporción aurea en una composición más compleja, utilicé escalas y aprendí a hacer acabados y colores nuevos. Creo que es un paso más en mi aprendizaje, y ya verán que mejoraré muchísimo con el tiempo. De ahora en adelante los mantendré en tanto de mis nuevas creaciones :)

"El Libre Albedrío"





Al mural lo componen tres escenas: Dos contrapartes y un punto central. El punto central representa una decisión (o un punto de partida) y las dos contrapartes opciones o tendencias opuestas.

La escena de la izquierda representa lo ideal. Es una mujer en éxtasis que es halada por el mar y por un punto de fuga que surge a sus espaldas (lo más allá). Su cabello estalla, y de él brotan formas orgánicas, hojas, mariposas, partículas, etc. La mujer se encuentra en dos posturas simultáneamente: con sus piernas siendo haladas por el mar, y brotando de la diminuta zapatilla azul que aún se encuentra en tierra. La escena está cargada de colores orgánicos brillantes.

(ojo con las zapatillas azules, que significan algo relevante en mi obra)


Lo ideal en extremo distorsiona la realidad, deforma los ideales de belleza. Lo ideal en exceso obsesiona al individuo con misiones trascendentales, un destino previamente establecido, con una causa última y sublime (que probablemente no existe).

La escena de la derecha representa lo opuesto, lo real.

La ciudad y los edificios representan la materia y el mundo tangible. La escena muestra a una mujer que yace sobre una especie de acera. La mujer agoniza mientras la absorbe un vórtice formado por el mundo que le rodea, por el conocimiento de la realidad en su forma más cruda. El vórtice sugiere la forma de los agujeros negros. Los agujeros negros, en el centro de las galaxias, representan su corazón y simultáneamente, una muerte inevitable. La escena está coloreada con una combinación tonos cálidos e intensos y fríos y sombras que dan la sensación de estar observando objetos sólidos con apariencia maleable.

En la parte central, en cambio, sugiere un balance o un punto de equilibrio. Aparece un ser "invisible", sin identidad ni relevancia. De él solo se conocen las prendas que lleva puestas. A él lo rodea un espacio amplio y vacío, calmo. Hacia él convergen todos los puntos: Los edificios, el cielo, la escalinata, los suelos; todo se centra hacia él, como si todo esperase con ansias su siguiente paso, su próxima decisión.

La perspectiva dice: "Él", "Yo",

La escalinata señala: "Tú."



viernes, 27 de febrero de 2009

Una Puerta

Y yo te regalo una puerta.

Que hay detrás de ella
No sabes.
O ¿tal vez sí?

No puedes abrirla,
o ¿tal vez sí?

Puedes desecharla, romperla,
Abrirla,
O coleccionarla como un recuerdo inútil.

Pero yo te la doy.
Tú haz con ella lo que tú quieras.

A Falta de Inspiración

Me faltan motivos
Para pensar.

¿Cuándo y como hacerlo,
si las actividades cotidianas
ocupan la totalidad de mi tiempo?

¿Por qué y por quién hacerlo?
Si yo no valgo nada,
Si la musa que estaba se fue,
Y a la musa ficticia se la llevó el invierno.

Llega la primavera,
Un infierno.
No tenerte
Me mantiene despierto
Con vida muerta.

Con un gramo de ideas
Que no inspiran
Con los cutres poemas
Que irritan

Saber que pronto llegas me pone a temblar
Y ya tu feo retrato fui a contemplar
Es feo no porque te falte belleza
Es feo por tu presencia
Es feo porque la ficción que te compone
Te hace omnipresente

Es feo el retrato, porque inspira dolor
Es feo el retrato, porque es viejo.
Es feo el retrato, porque no hay retrato,
No hay retrato, no hay nada.

Sigo incrédulo ante el hecho de que ha pasado un año,
Y yo sigo idiota,

Enamorado.

Enamorado no de tí,
que es lo que ha hecho daño.
Enamorado no de tí;
de un concepto elaborado.

La falta de tiempo
Robó mi inspiración

La falta de inspiración
Robó mis posibilidades

La falta de tí...


Robó mi vida.
- Efrén Flores

domingo, 22 de febrero de 2009

El Color de la Música

Abordaré de nuevo el tema de la Sinestesia, relatándoles mi breve experiencia de éxtasis a partir de la Novena Sinfonía de Beethoven (tal como en aquella escena de la Naranja Mecánica).

Pues, me hallaba yo, tan presto y tan mozo como de costumbre, escuchando dicha sinfonía tan bella, podría decirse que en un profundo estado de auto-contemplación, cuando de pronto, pude sentir como las notas musicales florecían en la forma de estallidos entre los tonos del salmón y la mostaza, en algún lugar sobre mis ojos.

Cada nota se hallaba en una posición determinada del espacio: unas más a la derecha o a la izquierda, otras más arriba o abajo, y cada una tenía colores respectivos. Por citar un ejemplo, la nota Fa Mayor ostentaba un intenso tono rosado semejante al de la pulpa del mamey, y se hallaba arriba, en la posición más alta con respecto a las otras, justo en la parte media superior del "panorama". Asímismo, la nota Re rebozaba en un amarillo mostaza, alternado en cada repetición al color del musgo o del estaño en un estado de óxido; sin embargo, se hallaba más a la izquierda, y en una posición inferior a la nota Fa Mayor.

Es importante hacer notar el hecho de que, las notas no eran proyectadas en el espacio fuera de mí, sino más bien, una sensación intensa y constante me dictaba que así debían ser percibidas tales melodías, en tal espacio, en tal ubicación. Era tan certera como cuando mis sentidos me señalan que una manzana es roja y no azul, en este caso mi sentido común determinaría que ver una manzana azul sería particularmente extraño, mas sin embargo, en el caso de la sinestesia, el cerebro, los sentidos externos, etc. me dictan que determinada nota es de tal color, no tanto porque mi sentido común, mi voluntad, mi conocimiento general o mi imaginación establezan que todas las notas Fa sean rosadas, sino más bien porque el resto de las posibilidades son descartadas gracias una sensación de desagrado no subjetivo; es decir, me es incongruente.

Insisto nuevamente en mi opinión acerca de la relevancia de la sinestesia en la educación elemental: En los últimos días me he percatado del enorme papel que cumplen los colores al momento de realizar una operación matemática. Ellos facilitan el "tránsito" de los razonamientos lógicos, me permiten recordar tablas y fórmulas con facilidad, "combinar" números al sumarlos y "separarlos" al efectuar una sustracción, me permiten además retener cifras y combinaciones de éstos en mi memoria a corto plazo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Vida


...¡Explota!

Y déjate llevar
Por las maravillas del viento

Las hojas caídas,
Caídas en pasado.
¡Recógelas!
¡Vístete con ellas!

Ahora son tus manos
Ahora son tu pelo
Son tus besos
Y son tus labios.

Es el viento
Que sale de ti
Y canta
Florece en forma de néctar
Que te embarra de vida.

Es tan fácil
Vivir muriendo
Es cuestión de pensamiento.

Es tan fácil
Morir viviendo
Es cuestión de amar.

sábado, 6 de diciembre de 2008

La Bestia en tu Talón

Érase entonces una pared, y sobre de ella, una puerta abierta, que permitía entrever un haz de luz amarillento y polvoso; y más al fondo, a Julieta, exhausta, cargando una maleta de cuero marrón. Julieta cerró dicha puerta y abrió su equipaje. Dentro de él no había más que un vestido de playa blanco y veinticinco jarras de cristal, todas rellenas de piedras más pequeñas que un escarabajo. Julieta tomó el vestido y lo colgó en el interior de un ropero antiguo, y después, colocó cada jarra sobre las vigas de la habitación.

Dicha cámara, era su alcoba. En ella, además del ropero, no existía otra cosa, a excepcion de una mesita redonda atestada de polvo y de un retrato ennegrecido sobre de ella. Julieta tomó el retrato, lo desempolvó, lo acercó a su rostro con ternura, y acarició con su mejilla una mejilla ajena.

Se apreciaba que las paredes se habían desteñido desde hacía ya tiempo; el tapiz en ellas estaba caído e impregnado de humedad, y ostentaban los signos del descuido y la podredumbre. La duela se hallaba en igual o peor estado, y además se había transformado en un imperio de termitas; y una ventana, que antes solía derramar muy bella luz, se había acostumbrado a alternar ubicaciones, por tímida, ya que al estar cegada por mugre y hollín, sólo podía mostrar nubes negras.

Julieta cayó en cuenta de que no podía vivir ahí, así. Habría que hacerse una limpieza. Tendrían que ser pintadas las paredes de un color especial, y después poblarlas, tapizarlas con cuadros. Habrían de desterrárseles a las méndigas termitas con alguna clase de artimaña. Además, debían ser arrancadas las tinieblas de la ventana, para que la ceguera no pudiese concebir engaño alguno.

Tras el ropero se hallaban, ocultos como infantes, una lata de pintura y una brocha cómplice. Julieta las hurtó de su escondite, y escaló junto con ellas la vieja mesa empolvada. Sin tomarse la molestia de remover el esmalte vetusto, ni tampoco la de cubrir su oscura y lacia cabellera, ni de cambiar sus prendas ni de quitarse el calzado, Julieta comenzó a pintar cinco caras de su cubo de color azul celeste, exceptuando las vigas, con la intención de reservarles su aspecto añejado y desnudo.

Al ir secando las paredes, Julieta las fue poblando con una infinidad de cuadros e imágenes de carabelas, galeones y barcos del año del caldo. Despues de colgar naves sobre su firmamento mediocre, su mirada tropezó con el paisaje volcánico en que se había transformado la duela. En menos de un instante, la azotó una brillante idea.

Julieta montó de nuevo la vieja mesa, y tomó cada una de las jarras de cristal que había puesto sobre las vigas . Julieta las abrió todas, y sobre la duela podrida, fue vaciando la lluvia de piedras que venía cautiva, dentro de ellas. Fueron tantas piedras que llegó a cubrirse el suelo en su totalidad, y el reino de las termitas fue sometido sin mayor molestia. Las jarras, ahora vacías, habían perdido su peso. Incluso el techo se percibía más liviano.

Julieta estaba contenta ahora que su cuarto tenía el aspecto una costa improvisada, cuyos habitantes eran un ropero cobarde, una mesa pisoteada, y una flota de galeones volando por el firmamento. Julieta pasó de largo que había que limpiar la ventana. Había pasado tanto y tan poco tiempo, que no se percató de que estaba sumergida en la penumbra.

Julieta abrió el armario y sacó el vestido blanco y a dos polillas neonatas. Julieta se quitó el calzado, y con sus pies desnudos, comenzó a dar pasos sobre la superficie empedrada, y sustituyó el quejido de la duela y el cataclismo bajo sus pies por el sonido de las olas y de gaviotas falsas, por un horizonte repleto de carabelas surcando entre las nubes y por un amante implícito en el color del cielo, salpicado y derramado sobre de ella, a manera de gotas, círculos pequeños y azules que la hacían sentir tocada y manoseada por dedos invisibles que escurrían por la piel de sus brazos, que salpicaban en su cuello y la hacían sentir real.

El mar le celó en demasía y decidió hurtarla, tocándola. Ella gritó, extática. Sus cabellos explotaron como raíces ambarinas que manoseaban al viento. Blanco, su vestido no era más. Estaba lleno de manchas. Tampoco se había dado cuenta de que ya tenía calzado. Eran azules... ¡como él! Dos zapatillas.

Ella reía como una tonta. Julieta corrió y él la seguía, detrás y delante de ella, por todos lados, y en ella misma. Se toparon con paredes implícitas, y ambos las hicieron de un lado. Se hicieron en Venecia, y los cabellos de ella semejaban una catarata de caoba. Pero él, él ya no era. Iba sola, ella, en un canal en una góndola, torciendo los brazos, dando suspiros, y acariciándose el cuello. Posteriormente, se acercó una góndola vacía, luego dos, luego tres, y luego un enjambre. El canal se hizo un ajedrez de góndolas.

Y entonces Julieta lo vio. No a él, a ello. Ella pisó el agua y la hizo de piedra. De inmediato, un hilo extraño decidió arrancarle la ropa, el cabello, los ojos, la boca, la piel, y la desnudaba; la desnudaba de prendas y rasgos físicos. Paulatinamente, la despojó de sí misma, conservándola en su más pura esencia, y ella, ella volaba, tocando el suelo. Ella tenía alas, y eran de papel. El suelo era Venecia, y era un ajedrez de góndolas revoloteando alrededor de un ser incorpóreo.

Sin mayor aviso, el punto de fuga se perturbó por una bestia que brotó, y voló atravesando un túnel de columnas con forma de beso, que se acercó a ella, y la olfateó. Después, la vistió de saliva, la mordió, y le inyectó su veneno amarillo.

Aquella bestia poseía un sobrepeso descomunal. La bestia era tan pesada que la aplastó a ella, aplastó el suelo de góndolas, y aplastó a todas las columnas que soportaron Venecia. El suelo abrió sus quijadas y los devoró a bestia y presa juntas mientras se mataban haciéndose el amor. Y es que la bestia era demasiado pesada. La bestia, era una termita. Era más grande que Julieta. Era real, y estaba devorando sus talones desnudos embarrados de pintura.

El cielo se caía a pedazos, y las naves, una a una, desfallecían; unas se hacían pedazos con la superficie del océano, y las otras, estaban infestadas de termitas.

- Efrén Flores

lunes, 24 de noviembre de 2008

Hojarasca

Antes que dar fruto
Quiero dar flores,
¿Pero cómo?
Mis ramas son firmes,
Pero se me caen las hojas.

No tengo hojas.
No tengo hojas.
Mi cielo cae.

No hay lluvia
No hay pan
No hay semilla
¡No hay viento!

¡No hay flores!
¡No hay fruto!

...No hay hojas...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Pariendo Ratas en Consultorio

Sangre.
Marchita, olvidada.
Desperdicio, emociones depositadas en el punto de fuga.
De la vida
De la muerte
¿Qué más da?

Hay un mundo
A la mitad
Es un huevo
Exhala viento
Viento de amor
Vientos de avaricia
Viento de deseo.

Viento de amor
Viento en amor
Amor en viento.

Se asoma
Derramándose
Iluminado por la corrosión
Arruinado
Hacía décadas antes de las décadas
Hacía antes de un tiempo.
Tiempo.

Dejad pasar a los gatos
Que se lleven las monedas
Mis pensamientos
Y al vagabundo
Que prostituye mi esencia.

Dejad que se lleven las ratas
Una placenta sin nacimiento.
Una traición.
Y volad.

Dejad de llamarle universo a las estelas
Dejad de considerar lluvia a la gota
Dejad de llorar por lo pasado

Pero llorad
Llorad cuanto deseéis
Llorad con sangre
Cuando haya techo.


- E F R E N..F L O R E S -

martes, 21 de octubre de 2008

La Vida en Rosa... Por los Ochos y el Sabor a Menta

Aquí les va una de las anécdotas más bizarras que jamás habrán escuchado.

Creo que a la mayoría de las personas en su niñez les fue instruido (ya haya sido en la escuela o como simple entretenimiento) que colorearan las figuras geométricas y las letras del alfabeto de colores distintos, ¿pero jamás les ocurrió que iluminaban cada letras con un color específico, de manera constante? ¿O... incluso les ocurrió que cada letra poseía personalidades distintas o hasta género? ¿Habrán pasado los años, y cada letra aún conserva su color? A mí sí me ocurre.

Recuerdo que desde que yo tenía cuatro o cinco años, precisamente cuando en la escuela fui concentrado en el abecedario, la letra E, el cuadrado y el número 2 (el día de mi cumpleaños) eran de color verde. ¿Por qué? No sé. De pronto al verlos los sentí verdes, y por ello siempre me identifiqué de niño con ese color.De igual modo, La letra A, el número 4, y el triángulo se sentían rojos. La S, el 5 y el rectángulo azules, y la letra B, el 3 y el círculo eran de color amarillo. Y así podría continuar y describir el alfabeto entero y cada figura geométrica.

Y desde que tengo memoria he leído así.

Ahí no termina el asunto. También me he dado cuenta de que organizo el tiempo de manera "espacial", como si hubiese una especie de cilindro con una recta numérica frente a mí y este girara dependiendo de donde estuviera el día, mes, o cualquier elemento temporal que yo desease. Para mí los meses se hallan “flotando” en un planisferio de Eurasia, y algunos de ellos están más arriba que otros, son más grandes o pequeños que otros, o se hallan en "mar" o en "tierra".

Jamás tuve la inquietud de compartir esto con alguien, puesto que además de ser una percepción personal, y que al parecer no compartía con nadie (además de ser bastante bizarra), siempre temí ser llamado infantil, o daltónico chiflado.

Sólo hasta el bachillerato tuve el interés de aclarar mi duda y comencé a investigar, casi quince años después. Por mera casualidad, me topé con el término Sinestesia. No me refiero a la sinestesia utilizada en la poesía, ("...una cacofonía de aromas negros...") sino a una condición en la que literalmente se mezclan los sentidos de la vista, el oído, el olfato, el tacto y el gusto, e incluso el sentido espacial y otros. Lo que me ocurre le ocurre de igual modo a mucha gente (relativamente hablando), y en efecto, el primer "síntoma" por así decirlo, es la percepción de colores en las letras, mejor conocida como sinestesia cromo-gráfica.

La sinestesia se manifiesta incluso en otras clases de percepciones bastante complejas, tales como percibir texturas táctiles o incluso sabores al escuchar música, (es decir, que literalmente te sepa la música agria, dulce o amarga) o como el percibir colores al probar determinado sabor o al escuchar determinadas notas musicales.

Seguramente pensarán que les hablo de algún tema relacionado con alucinaciones o drogadicción, pero no se trata de ello en absoluto; sino de una condición neurológica en la cual las áreas del cerebro que controlan cada sentido se hallan comunicadas entre sí, por lo que al recibir un estímulo sensorial como la música, no solamente es procesado en la corteza auditiva, sino también en la corteza visual, y así en adelante, dependiendo de las áreas que se encuentren comunicadas.

Todos los seres humanos nacemos sinestésicos, sin embargo, en los primeros años de vida, en el cerebro, los “centros de mando” respectivos a cada sentido comienzan a disociarse, como consecuencia de la muerte de las neuronas que las comunican, proceso que al parecer ser bastante natural, sin embargo, en el caso de los sinestésicos, la muerte celular no habrá sido tan avanzada, por lo que las áreas del cerebro permanecerán comunicadas.

La sinestesia no es una enfermedad o padecimiento, sino al contrario, podría considerarse como un gozo extra, e incluso representa ciertas ventajas tales como una memoria más ágil. No conlleva efecto secundario negativo alguno. Las personas a quienes se les ha diagnosticado incluso suelen referirse a ella y sus efectos como algo placentero y un detalle único en sus vidas.
La sinestesia suele manifestarse las experiencias de la vida diaria, y para el sinestésico, sus percepciones representan lo más cotidiano del mundo, es decir, ver colores en los ruidos del tráfico no le impedirá manejar, es más, puede ignorarlos, ya que la sinestesia es un “sentido” bastante sutil, por ello mismo es difícil de reconocer, incluso para el mismo sinestésico cuando ya ha crecido.

¿Cuáles son las ventajas de la sinestesia?

Los sinestésicos poseen una mayor agilidad de aprendizaje así como para retener información a largo plazo, he ahí la gran importancia de diagnosticarla desde la educación preescolar (preferentemente lo antes posible), ya que de aprovechar sus ventajas a tiempo, podría facilitarse en gran manera a un niño en cuanto a habilidades matemáticas, lectura, artes visuales, talento musical, y muchas otras áreas. Así mismo, podría agilizarse su capacidad de reconocimiento, ya que todos los símbolos, las figuras y otros elementos no son reconocidos únicamente por su nombre, forma o cantidad, sino también por su color o cualquier otro estímulo recibido. Es como si al intentar recordar un nombre, no solo fuera recordado por sus letras, su sonido o su longitud, sino también por su color (o incluso sabor).

Sustancias como drogas, el alcohol, el tabaco y el café tienen efectos distintos sobre la sinestesia. En determinados casos pueden intensificarla, y en otros, la percepción disminuye. Incluso se ha reportado que la depresión intensifica las percepciones.


Cuando los no-sinestésicos consumen sustancias psicotrópicas, perciben algo similar a la sinestesia, pero en este caso es porque se la están induciendo. Para un sinestésico el consumirlas puede intensificar sus percepciones o incluso deformarlas u “obstaculizarlas”. Sin embargo, al consumir drogas, el sinestésico pone en riesgo su habilidad.


En efecto, la sinestesia puede perderse. Existen determinados casos en los cuales la sinestesia ha desaparecido. Los colores ya no estaban donde solían hacerlo. Las causas aparentes son el consumo de drogas, accidentes, golpes en la cabeza, depresiones severas, entre otras varias.
En Europa, la sinestesia ha sido diagnosticada mucho más que en México (si es que aquí alguien se ha tomado siquiera la molestia de pensar en ello). Por lo menos en el extranjero existe tanto el interés, la apertura y los medios para investigar acerca de ella y diagnosticarla. Generalmente ha sido diagnosticada en personas que llevan a cabo actividades artísticas o creativas.


Aún se desconoce el número exacto de sinestésicos. Algunas fuentes afirman que 1 persona de cada 100,000 es sinestésica, pero otras sugieren que 1 de cada 2000 o de cada 24, o incluso 1 de cada 10. Se desconoce el número exacto, pero también existe otra cuestión: Sólo una fracción de la población de un país cuenta con los medios económicos e intelectuales para contar con acceso al Internet, y de éste grupo, sólo unos pocos individuos han podido llegar a toparse con el concepto de sinestesia, y aún menor es el número de aquellos que han llegado a efectuarse estudios.

Imaginen los efectos de una investigación bien fundada en este tema. ¿Cuántas personas no serían atraídas a actividades intelectuales o artísticas en vez de al consumo de drogas?

Mi experiencia personal
Llevé a cabo un laaaargo test disponible en internet llamado "The Synaesthesia Battery", el cual presenta las letras del abecedario de manera aleatoria, repitiéndo cada letra tres veces, y posteriormente, evalúa mi respuesta "cromática" hacia cada nota musical e instrumento. Mi resultado en cuanto a sinestesia cromo-gráfica fue el siguiente:

Como puede observarse en la tabla, el matiz en cada letra es el mismo en cada repetición, Rojo en la A, Verde vejiga en la E, Azul ultramar en la S, y así sucesivamente. Algunas letras no poseen un color definido, sin embargo, no son acromáticas, sino de un violeta grisáceo. Incluso, algunas letras se “diluyen” con los colores de las letras que se hallan próximas a ellas en una palabra (como el 6 de ésta última lista de letras a comparación del 6 que aparecía solo en la primera).

Mi resultado con las notas musicales no fue tan preciso, puesto que por desgracia, jamás eduqué mi oído musical, sin embargo, puedo sentir colores cuando una nota es más baja o más aguda. Donde puedo decir en definitivo que percibo colores es en cada instrumento musical distinto.

Un acordeón es azul cielo con un poco de verde "Cloralex" y con algunas intermitencias de rojo, dependiendo de la melodía. Las percusiones las veo generalmente de colores amarillos y cálidos, en forma de círculos que “laten”. La guitarra eléctrica va desde tonos violetas grisáceos hasta rojos intensos mientras más agresiva sea la melodía, y sus colores tienen un aspecto parecido al del reverso de un CD; es como un arcoíris de cromo.

Cuando de pequeño, siempre detesté cada vez que escuchaba una trompeta como aquellas que se escuchan en las películas o caricaturas de campos militares, porque ese sonido era de un color amarillo intenso, fluorescente y sucio que me era muy insoportable.

La percepción de aromas y tacto en otros sentidos en mi caso, es mucho menor, sin embargo, en determinadas ocasiones es desencadenada con ciertos tipos de música o emociones intensas.

Hay una pieza de Astor Piazzolla, "Soledad", la cual me hace sentir el color chocolate y la sensación de estar tocando cristal frío, tal como si estuviese en un cuarto de paredes pintadas de marrón, tocando una ventana.

Si escucho la misma pieza o canción con un tono más arriba o más abajo que el usual, percibiré la misma imagen mental, sólo que el esquema de colores se recorrerá con respecto al aumento o disminución del tono musical. La imagen, la escena, el movimiento, en sí, es exactamente la misma, solo que con matices distintos.


Por ejemplo, si la imagen del cuarto marrón la "escucho" con un tono más arriba, las paredes ya no serán más de color chocolate, sino de colores pasteles, y el aroma ya no será de pintura, sino de perfume suave, y la textura de las paredes será de tela o de madera, y en sí la luz que entra al cuarto tampoco será la misma. (… ¿bizarro... no?)

Algo peculiar de los "sinestésicos" es que nos irritamos un poco al ver las letras, figuras y demás símbolos de un color que no es el que nosotros percibimos naturalmente. Me confundo un poco cuando veo la letra A de color azul o cualquier otra letra pintada de un color que no es el que yo percibo.

Si veo la letra A la veré de color rojo, pero si veo el color rojo no veré una letra A, a menos de que asocie de manera consciente el color con la letra, pero en ese caso ya no se trataría de sinestesia, sino de libre asociación.

Otra cosa: No soy daltónico. Si un texto está impreso con tinta negra, por supuesto que veo las letras de color negro, pero simultáneamente veo los colores, en parte proyectados y en parte "dentro" de mí.

Se supone que los sinestésicos tenemos una memoria más ágil. Estoy de acuerdo con esto, pues no tengo idea de cómo es posible, pero aún me acuerdo de frases que decían mis maestras de kínder y de dónde estaban colocadas ciertas cosas en cajones de lugares a donde fui en mi infancia. Soy bueno aprendiendo nombres y deletreando.


Algunos nombres me parecen más placenteros que otros, especialmente los que empiezan con A, tienen en ellos dos a's y que tienen letras variadas:

Avelina
Andrea
Aureliano

¡Algunos nombres parecen arco iris! : Luz Andrea Brenda


No sólo percibo colores (y olores, etc.) en las palabras o en lo que respecta a los 5 sentidos externos. Los sinestésicos también “coloreamos” las personalidades de la gente, y curiosamente, cuando estoy con varias personas, las siento de determinado color:

Mi papá: Blanco
Mi mamá: Morado, Rojo y Verde
Cecy Saucedo: Ámbar
Martín: Colores orgánicos
Luz Andrea: Blanco y amarillo
Melina: Rojo, Verde y Naranja. (Morado)
Beti: Rosita.
Karlita: Verde y naranja
Itzia: Guinda, verde (amarillo :) )
Mariela: Azul celeste o turquesa
Martha Tudón: Rojo, morado y negro

Es posible que cada color posea un significado emocional, pero aún no logro interpretarlos bien. Probablemente, los tonos verdosos los siento en aquellos con los que más me identifico, o los tonos púrpuras y rosados en gente acervada, pero en fin, ni yo mismo me entiendo.

Espero les haya interesado este tema; por si gustan indagar más en él, aquí les proporciono las fuentes de donde obtuve esta información:

Fuentes bibliográficas:
(Información obtenida el 19 de Noviembre 2008 a las 20:24 horas)
· Sinestesia, Comunicación:
http://www.geocities.com/amprusa/comunicacion
· Sinestesia: Los sentidos sin sentido - REDES TV2 - 31/03/2002
http://video.google.com/videoplay?docid=7884769326797197857
· UK Synaesthesia Association
http://www.uksynaesthesia.com/
· Faculty of Education, University of Cambridge: Synaesthesia and Education
http://www.educ.cam.ac.uk/research/projects/synaesthesia/
· The Synesthesia Battery
http://www.synesthete.org/
· Synesthesia Project FAQ
http://www.bu.edu/synesthesia/faq/index.html
· Wikipedia: Synesthesia (en Inglés y más completa)
http://en.wikipedia.org/wiki/Synesthesia
· Wikipedia: Sinestesia (en español)
http://es.wikipedia.org/wiki/Sinestesia


PD: Mariela Alatriste, te amo.